El camino a un mejor mundo ¿Porque peregrinar?

markahuasi

La sabiduría de mis instintos me guían hacia la felicidad, al júbilo de la vida y su gozo, al juego y al amor, los cuales me permiten completar mis necesidades. Hoy permítete seguir a tu instinto con el cual naciste, te llevara para el camino de la libertad y de la plenitud. 

El sábado pasado,  seis seres buscadores y trabajadores de la luz fuimos camino a Markahuasi. Un lugar mágico. Mágico por su historia, su leyenda, su ubicación.

Fuimos seis a sembrar, sembrar luz, sembrar amor, sembrar esperanza. Sentimos el llamado al servicio y sin mucho conocimiento nos aventuramos a este hermoso propósito y salimos a peregrinar.

La aventura comenzó a las siete de la mañana cuando Jorge y su esposa me recogieron de mi hogar para encontrarnos con el Dr. VIllavicencio, su hijo y Pablo supuestamente en Chaclacayo. Llegamos al parque en donde sería el encuentro sin darnos cuenta que no era en Chaclacayo sino en Chosica. Así comienza la aventura.

Llamamos a Pablo quien nos redireccionó al lugar de encuentro.  Llegamos minutos después. Bajamos nuestras cosas y era hora de ver donde se parqueaban los carros para dejarlos pernoctar hasta nuestro retorno.

Jorge y su esposa fueron a buscar una cochera, pasaba los minutos y no llegaban, mi corazón presentía que algo sucedía. Comencé a llamar y nadie contestaba, me preocupé porque sentía que las cosas no estaban bien. Después de un rato Jorge llamo diciendo que se habían metido en un hueco al estacionar su carro y que estaban tratando de sacar el carro y  no sabían si podrían ir, ya que la cosa parecía bastante seria. Llamamos al Dr. Villavicencio, el cual fue ayudarlo junto a Pablo. Minutos después todo estaba resuelto y nos dirigíamos destino:  San Pedro de Casta.

Nos fuimos en una combi que nos llevó a San Pedro de Casta subiendo las hermosas montañas de la sierra central del Perú. En el camino algunos dormían, otros platicábamos. Todos nos encontrábamos emocionados por la aventura. Tres horas después llegamos. Disfrutamos de un almuerzo ligero e hicimos las coordinaciones para alquilar tres burros que se encargarían de llevar nuestras cosas.

A las 1pm partimos por ese sendero a Markawasi, sin saber que el camino venía con subidas y bajadas, con tramos fáciles y otros muy difíciles. Donde la resiliencia sería un factor importante para culminar nuestra peregrinación.  Esta vida que comenzábamos a recorrer era árida pero florida, donde en cada rincón se manifestaba y expresaba.

Comenzamos de 3,021msnm y ascenderíamos hasta llegar a 4,000msnm destino al cual deberíamos llegar para acampar. El trayecto fue duro e intenso, pero al mismo tiempo hermoso y todo un reto. Caminábamos a paso tranquilo con Pablo, a diferencia de nuestros 4 colegas que nos llevaban la ventaja.

Caminamos apreciando la brisa, los colores, los pájaros, conversando en el camino con doña Estephania una campesina que llevaba a sus vacas a pastar, quien me contó que era la primera de siete hermanos,  y que al nacer el séptimo,  su madre en el momento del parto falleció y que su vida cambió al tener que hacerse responsable de sus hermanos y padre. Luego, se casó y no disfrutó ni de sus hijos, ni de la vida. Ella me cuenta que la vida ha sido muy dura. Cuando le pregunté si hubo momentos buenos, queda en silencio, y le digo, muchas veces es mejor poner nuestra atención a los pequeños momentos buenos de la vida, para que ésta tenga un mejor sentido. Con ojos llorosos me vio y siguió su camino.

Con Pablo seguíamos caminando a paso lento, ya comenzaba atardecer, el cielo se llenó de colores, era hermoso, sin embargo aún no llegábamos al campamento. Cuando de repente el hijo de Oscar nos llama pidiéndonos apurar el paso porque pronto oscurecería, y nuestro caminar se haría más difícil.

Aceleramos el paso, así como el sol se ocultaba rápidamente. Finalmente llegamos junto con el anochecer al campamento. Llegamos agotados, pero alegres de haberlo logrado. Fuimos recibidos por una hermosa mujer que nos dio mate de coca para recobrar las fuerzas. Una vez descansados buscamos un espacio donde armar cuatro carpas.

Una vez armadas, ingresé a mi carpa y no pude salir más, el frió casi hipotérmico me envolvió, el soroche se instaló en mí, solo quería dormir y descansar para que al día siguiente pudiéramos realizar la misión la cual nos llevó a ese mágico lugar. Fue una noche larga, fría donde apenas se pudo cerrar los ojos y dejar que el cuerpo descansara en la dura y fría tierra.

Desde mi carpa había un agujero que me permitía ver el hermoso cielo estrellado y la luna, las cuales me acompañaron en este viaje nocturno de malestar físico y emocional que viví, conectándome con lo más profundo de mi ser para sobrevivir y transmutar a un nuevo amanecer.

Eran las 6am cuando todos comenzamos a saludar a la vida, tomamos desayuno y nos alistamos para buscar el lugar apropiado para sembrar la Antena de Armonización. Esto significaba ser parte de este hermoso cambio a un Mundo Mejor. Significaba conectar  la red de triángulos formados por los distintos nodos, con el propósito de ser entes de cambio para un mejor mundo. Así comenzamos a caminar, adoloridos, cansados, pero con la fuerza del corazón hacia el servicio.

Subimos, bajamos por esas rocas de formas que nos hablaban y nos retaban en cada paso que dábamos. Caminamos por dos horas hasta que finalmente encontramos ese lugar donde era perfecto para sembrar la antena. Era una vena que desembocaba a la fortaleza, era el lugar perfecto. Nos juntamos, nos alineamos, nos conectamos con la madre tierra para que se active la energía y recepciones y acoja a la antena, le permita realizar su función a la cual vinimos a entregar. Fue un momento mágico, hermoso, la fuerza se recuperó, los corazones se unieron y la sensación de amor se instaló en cada uno de nosotros.

Antes de regresar por ese camino, con un PHI tomamos la información de la Antena en su lugar, esa mágica dimensión que se encontraba, en esas coordinadas perfectas. Llevándonos así con nosotros la energía del lugar y la información que nos entregaba la antena y la madre tierra que con tanto amor nos abrazó.

Ahí estábamos de nuevo caminando, dos horas de regreso al campamento, era casi el último esfuerzo que realizábamos antes de retornar a Lima. Los cuerpos estaban agotados, casi sin fuerza, pero éramos guerreros terminando su misión de regreso a casa.

Llegamos al campamento, recogimos nuestras cosas, desarmamos carpas, y seguimos el regreso a San Pedro de Casma, donde nos esperaba un delicioso almuerzo, para tomar fuerzas, tomar el bus, llegar a Chosica, recoger el carro para finalmente tomar baño y meternos a nuestras camas satisfechos del servicio realizado.

Gracias, gracias, gracias.

Por Carla Gilardi Olazabal

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